19.8.07

Sorpresa por la práctica de donativos y propinas (2. Las Propinas)

Otra sorpresa, pero a diferencia de la anterior no bien valorada, fue sobre las propinas.

No en balde, los visitantes son alertados que la costumbre del país es destinar en torno a un 10% del gasto en propina. Y efectivamente, eso es lo que se espera y lo que uno se siente impelido a dar si no quiere pasar por tacaño.


Pero la institucionalización de esta práctica es tal que forma parte integral del modelo comercial. En los recibos (ved imagen) ya consta que las propinas no son incluidas. Y en muchos lugares (ver foto) se hace constar de antemano un agradecimiento por este detalle, no vaya a ser que nos olvidáramos.

En algún caso van más allá: en las notas de los hoteles, en cada comida se toma nota del coste y de la propina, y para ésta hay una casilla específica. Al final de la estancia, hacen la suma por separado de todos los gastos (con el impuesto correspondiente) y de las propinas (¡libres de impuestos!).

También en nuestras latitudes, años atrás esta era una práctica generalizada pero con la europeización la hemos ido erradicando. Hemos entendido que era más del pasado que del futuro.

Asimismo, recuerdo hace unos años en Cuba (no sé cómo debe ser ahora pero no creo que haya cambiado mucho) que muchos profesionales preferían trabajar de camareros que, por ejemplo, de médicos, ya que con lo que recibían en propinas en dólares en un día sacaban más que un mes entero de salario, un sueldo con el cual, además, era del todo imposible vivir dada la absoluta falta de valor de la moneda cubana para muchas de las compras.

El caso chileno, no tiene nada que ver con el cubano, por supuesto. Y Chile es un país que tiende a progresar y que se ha mirado al espejo desde siempre en los EE.UU. y en países europeos, Francia e Inglaterra, sobre todo, y también en el estado español. Por eso, querríamos creer que la tendencia será a moderar esta práctica.

El motivo de nuestro deseo es evidente: la propina no es más que una economía sumergida. Una parte de dinero que no pasa por la vía impositiva. Pero no nos preocupa tanto este hecho como la asunción que hace el empresariado de las propinas como mecanismo compensatorio del salario. Eso permite, especialmente en ciertas ocupaciones de cara al público, pagar unos salarios inferiores a lo que sería justo y equitativo.

Por lo tanto, lo que se está pidiendo al consumo -no sólo al turismo- no es que premien un buen servicio con un sobrecoste asumido voluntariamente, sino que asuman casi necesariamente una parte del salario justo de la plantilla.

Con todo respeto por las tradiciones de cada lugar, creemos que haría falta tender a incorporar el salario justo y dejar de lado este uso generalizado de las propinas.

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