13.8.07

Desiertos y nevadas


La estancia del promotor de Responsabilidad Global en Chile ha coincidido con una nevada histórica como hacía años que no se veía. Este jueves por la noche la nieve empezó a caer sobre Santiago, dejando gruesos de hasta cincuenta centímetros y provocando que algunos vehículos, lógicamente no preparados con cadenas, tuvieran que ser abandonados hasta el día siguiente.

Las caídas de árboles, taponamiento de cloacas y otras incidencias de origen meteorológico provocaron cortes de luz, de agua, así como retrasos o imposibilidad de funcionamiento de transportes públicos.

Nosotros mismos quedamos aislados en una zona residencial al pie de la montaña, y no pudimos asistir a una reunión ya que ni los taxis podían acceder a la zona. Los cortes eléctricos también imposibilitaban el correo electrónico. ¡Suerte del teléfono!

Anécdotas personales aparte, lo cierto es que la ciudad no está preparada para estas circunstancias ... ni tiene que estarlo ya que no es esta una situación normal o previsible. Algunos analistas y meteorólogos se han apresurado a señalar la influencia del cambio climático en este fenómeno, mientras otros indican que forma parte del abanico de posibilidades de la variabilidad del tiempo.

Centros de estudio del clima, tanto de Chile como de otros lugares del mundo, han indicado que hay un nexo entre estas tormentas violentas y el calentamiento global. Se está observando en todo el mundo, y sobre todo en el hemisferio sur, que las tormentas aparecen con menor frecuencia pero en forma más violenta.

La visita de hace unos meses de Al Gore a Chile permitió sensibilizar a muchas personas, organizaciones y empresas, y seguro de que estos episodios reactivarán el recuerdo que el país guarda. Aparte de alguna crítica por parte de sectores muy determinados, lo cierto es que la presencia del excandidato norteamericano suscitó un gran número de adhesiones y favoreció o reforzó el compromiso de algunas empresas.

Para acabar de complementar este escrito, dejaremos anotado también que días antes de las nevadas, estuvimos en las regiones de Tarapacá i de Antofagasta, zonas desérticas, pero donde todos reconocen que la dificultad para conseguir agua ha ido en aumento. En este caso, la causa seguramente no se debe tanto al calentamiento del planeta sino al excesivo uso de los acuíferos por el crecimiento de la población y sobre todo por los usos industriales a que desperdician un líquido esencial para la vida.

Siempre la mano humana detrás de grandes cambios ambientales que pueden ser fuente de calamidades en un futuro próximo que ya apunta. Sin querer ser catastrofistas, se hace evidente que hay que corregir de manera profunda los modelos de vida, de producción y de consumo.

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