23.3.12

La motivación 'central' del corredor central

Hemos hablado en algunas ocasiones de los corredores ferroviarios que deben unir la península Ibérica con el resto del continente europeo. Hoy está justificado que lo volvamos a hacer, pero sin pelos en la lengua.

La Unión Europea ha ignorado al estado español y ha rechazado el pasillo central por los Pirineos. A pesar de las presiones del gobierno español, los Veintisiete consideran prioritario el corredor ferroviario mediterráneo y el atlántico. La Comisión Europea, como ya había advertido, lo rechazó de plano por el elevado coste económico y ambiental que supondría agujerear los Pirineos. Bruselas se negó y la ministra de Fomento, Ana Pastor, se quedó sola rechazando ayer el mapa de infraestructuras europeas de transporte prioritarias.

Les debería caer la cara de vergüenza: en un momento de crisis intensa, sabiendo que para siempre tendremos que pagar el mantenimiento de las infraestructuras deficitarias económicamente y socialmente que se han construido en todo el estado, sabiendo que buena parte del dinero para las inversiones faraónicas han venido de los socios europeos... y ahora todavía se pretende continuar proyectando infraestructuras bajo los mismos criterios.

Leemos en la Razón las declaraciones de la ministra tras el no de Europa: "El Gobierno de España no PUEDE compartir la Propuesta actual de la CE Porque con ella no se asegura el acceso equilibrado de todas nuestras regiones al espacio europeo al quedar excluídos algunos nodos que para nosotros son fundamentales y vertebradores".  España no renuncia al corredor Central pese a no lograr apoyos en Bruselas

De hecho, la estrategia española no puede verbalizar que, además del corredor central, querrían que el corredor mediterráneo se pospusiera en el tiempo, pero los hechos hacen evidente esta voluntad desde hace muchos años: El corredor ferroviario Mediterráneo en peligro. Solo la presión y la capacidad de juntar los esfuerzos de catalanes, valencianos y murcianos ha permitido que el gobierno español haya tenido que mantener ciertas formas: El Arco Mediterráneo desembarca en Bruselas.

Un extraterrestre caído del cielo no podría comprender cómo es posible planificar las infraestructuras españolas con criterios tan ineficientes, lo que no viene de ahora sino de hace lustros e incluso siglos. El motivo está estudiado: la voluntad de utilizar las inversiones en infraestructuras como instrumento para la vertebración de España. Estas son las palabras, pero no costaría ir más allá en la interpretación y captar la voluntad de construir la nación española desde el Estado. Es sencillamente un proyecto nacionalista que pagamos todos, e incluso el resto de europeos.  

La idea de vertebración, como la solidaridad interterritorial, tendría sentido si se tratara de medidas encaminadas a desarrollar unos territorios, reequilibrar dotándolos de una mayor sostenibilidad, pero después de años podemos observar como las medidas han ido encaminadas puramente a sustraer dinero de un lugar para destinarlos a otro de manera ineficiente y con voluntad de permanencia, con claras interferencias de intereses partidistas y nacionalistas, y con la paradoja de que finalmente los territorios receptores acaben teniendo un nivel por encima de los territorios donantes. No es necesario que entremos en el tema del déficit fiscal que es otro aspecto bien conocido.

Pero, con la crisis actual y haciendo un triste papel ante los socios europeos, el extraterrestre se preguntaría cómo es posible que se insista en esta opción de atravesar los Pirineos. Vamos pues a las motivaciones que todo el mundo intuye pero que todavía cuestan de verbalizar. Hoy lo ha explicado el subdirector de La Vanguardia, Enric Juliana, que ha reconocido conversaciones con cargos del Partido Popular donde le afirmaban en privado una de las motivaciones principales o quizás la causa central: la sensación de que inevitablemente Cataluña se separará de España es vista como un riesgo. Por ello en este momento no es conveniente invertir en Catalunya y menos en infraestructuras estratégicas. Huelga decir que el riesgo es doble, ya que los dos corredores aprobados pasan por Cataluña y por Euskadi, las dos naciones que aspiran a recuperar su soberanía. Es por ello que consideran necesario un tercer corredor que no les haga depender de los dos laterales.

En todo caso, cuesta entender cuál es el miedo. Es evidente que, como ha ocurrido en todos los procesos de secesión, los activos infraestructurales se quedan lógicamente en propiedad del estado donde están ubicados, pero eso no implica que en una Europa unida, con una excelente relación entre países vecinos, y con unas economías altamente interrelacionadas, los productos españoles podrán salir a Europa y los europeos entrar en España por medio del corredor. Por supuesto. Entonces el problema es que esta interferencia política está perjudicando gravemente la economía catalana (y de rebote también la española), no sólo por el derroche sino porque la gravedad de las ineficiencias no permite efectuar las inversiones que serían clave y urgentes. Realmente hace años que vivimos una situación complicada, en la que parece que algunas élites españolas sepan mejor que los propios catalanes qué pasará en los próximos años. Quizá sería mejor directamente una declaración unilateral de independencia por parte de España ¡y cada uno a defender sus legítimos intereses!

Una última nota. En el pensamiento ambientalista, algunas personas saben perfectamente lo que es lógico y más ecológico ( Los romanos y el corredor mediterráneo ), pero no todos los agentes del sector muestran las cartas. Hay entidades ecologistas que se han mojado, alertando de los elevados impactos ambientales, tanto en la construcción como en el funcionamiento. Pero no todas se han posicionado... Por ejemplo, Greenpeace dice que no es un proyecto de su incumbencia (voy ponerme en contacto para pedirles la posición). De hecho, no me sorprendió nada porque ya es notorio que los posicionamientos ambientalistas de la sección española de esta organización internacional siempre vienen condicionados por un deje nacionalista español que no contempla la diversidad ni evalúa los impactos ambientales si son necesarios para la vertebración de la nación. Lamentable.

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