20.3.18

[ARTÍCULO] La felicidad como valor emergente en la sociedad y la empresa

La felicidad está de moda. Hace años que se habla y parece que es un tópico que será cada vez más importante. Si la gente tiene una aspiración fundamental de ser feliz, sería bueno que las constituciones lo reflejaran mejor y mejoraran el desarrollo de las políticas públicas hacia este objetivo, que si bien nunca será completo sí puede marcar una prioridad respecto a otras orientaciones.

¿Reto individual o colectivo? La felicidad debe surgir de uno mismo, no es fruto de una voluntad externa ni, por supuesto, de ningún orden. Podríamos decir lo mismo que respecto a la motivación laboral. Pero como ocurre en esta, sí se pueden crear las condiciones para favorecerla.

Desde las políticas públicas, habría que tener como referente la felicidad colectiva. Apuntar directamente a la felicidad individual puede llegar a ser una intromisión en la intimidad. Yo soy feliz si me da la gana y el estado (poder público) no es quien para condicionar me mi estado (emocional). Pero ya no sólo es un tema de poderes públicos, ya que las empresas donde trabajamos son los marcos donde en el día a día se puede condicionar más esta felicidad, junto con los aspectos más íntimos y familiares.

La responsabilidad social, pues, puede convertirse en una función empresarial al servicio de una inquietud de las personas, satisfacer la necesidad de felicidad. Si la empresa asume que tiene una responsabilidad hacia la sociedad y, más en concreto, respecto al grupo de interés de las personas que forman los equipos de trabajo, la empresa debería saber crear las condiciones para el despliegue de la felicidad.

He dicho función empresarial para poder expresar la posibilidad de si en el futuro podrá llegar a escribirse en forma de algoritmo. Lo desconozco y me hace un cierto temor, con ecos conductivistas o, aún peor, de manipulación colectiva orwelliana. Pero la tecnología nos lleva hacia aquí y Google o Facebook saben qué nos gusta y qué, presuntamente, nos hace felices. Spotify sabe qué canciones nos hacen más felices. En todo caso, prefiero situarme en el marco de una felicidad más pupilar, basada en la mirada sincera, que no tutelar, basada en los sensores de lectura de nuestra actividad cardíaca.

Un enfoque de políticas públicas nos lleva a instrumentos de medida. En su momento, Amartya Sen desarrolló un sistema que permitía medir el desarrollo de un país no sólo con el PIB sino teniendo en cuenta otras variables como la esperanza de vida o la alfabetización, el Índice de Desarrollo Humano. Otras propuestas, posteriormente, han ido más lejos, como el caso conocido del Bhután, que calcula el índice de felicidad del país.

Un enfoque de responsabilidad social nos lleva a desarrollar un modelo de empresa saludable. No se trata de una organizaciones donde hayas de entrar con la sonrisa! Se trata de que la empresa cree las condiciones de salud, valores, marco de relaciones y comunicación y estilo de vida que permitan que las personas puedan desarrollarse como personas y como profesionales, que puedan tener un marco afectivo y de reconocimiento positivo, que puedan crecer en salud y plenitud. Esto no es paternalismo ni mucho menos, pero no todas las organizaciones tienen una cultura que pueda estar preparada para dar el salto y comprender que la empresa tiene una responsabilidad hacia las personas que se debe articular bajo la perspectiva de una evolución gradual en la cultura organizacional y de manera dialogada.

La felicidad no se puede imponer, pero podemos mostrar que no es una cuestión menor y de interés exclusivamente particular. Decidir qué valores sociales queremos que sean relevantes, que sean fomentados, es una tarea colectiva y forma parte de lo que llamamos un territorio socialmente responsable, una sociedad que es capaz de marcar cuáles son los retos del territorio que pueden ser abordados sinérgicamente diciembre las organizaciones, públicas, sociales o privadas.

Como miembros de una empresa, una organización, un pueblo o una sociedad deberíamos desarrollar la capacidad colectiva de consensuar qué valores o principios deben promoverse y cuáles deben ser removidos en la escala siempre difusa y en movimiento de los valores sociales. Algunas empresas, en los últimos lustros y en el marco del desarrollo de la RSE, han tenido el coraje de hacer que los valores corporativos sean establecidos en parte por los propios integrantes. Por ejemplo, dos valores decididos desde la dirección y uno colectivamente por los trabajadores. Y llegará el día que una empresa, de tres valores, uno lo decidirá la clientela, porque los valores acaban determinando las relaciones con todos los grupos de interés.

En la esfera pública, también podemos optar conscientemente y colectivamente para alinearnos con el valor de la felicidad. A menudo muchas reivindicaciones van acompañadas, si no de formas violentas, sí de maneras amargas basadas en el distanciamiento y el enfrentamiento que dificultan buscar el punto de encuentro y la posterior reconciliación. La cultura de la mediación, por ejemplo, favorece que la confrontación de puntos de vista y de intereses, se pueda llevar a cabo bajo una perspectiva más positiva que no erosiona la felicidad. En el caso del proceso soberanista en Cataluña, la llamada Revolución de la Sonrisa sería un magnífico ejemplo de cómo se ha conseguido que una reivindicación multitudinaria incorpore transversalmente un valor de felicidad, expresado con los sonrisa, y que se haya operativizado hasta el punto de dejar los restos recogidos tras manifestaciones de más cerca de dos millones de personas.

Naciones Unidas decretó el 20 de marzo Día Internacional de la Felicidad, para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno. E invita a los poderes públicos, las ONG, la sociedad civil y los particulares a fomentar el Día y los valores que implica. ¡Curiosísimamente la resolución no cita a las empresas entre los destinatarios de la proclama! Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son transversales y, si bien no explicitan la felicidad, ésta se puede encontrar especialmente en algunos:

   

La felicidad puede ser un valor corporativo, expresado directamente o bien por medio de otros valores relacionados como podría ser la autoestima, la salud, el desarrollo personal, pero como todos los valores debe articularse en medidas concretas. Una acción empresarial bien concreta puede ser adaptar sus horarios de funcionamiento a la reforma horaria y, al mismo tiempo, facilitar la flexibilidad horaria, la conciliación de la vida laboral y familiar o el teletrabajo. Y muchas cosas más, que finalmente han de formar parte de un enfoque global de empresa saludable.

La Paradoja de Easterlin establece que, a partir de unos ciertos ingresos, tener más ya no aporta más felicidad. Esto cuestionaba la teoría de los economistas tradicionales, que habían determinado que el consumo aportaba la felicidad. Y a partir de una cierta teorización, se llega hoy a hablar de la Economía de la Felicidad.

¿Felicidad, alegría, gozo, plenitud, riqueza, Eudaimon, mindfulness, ausencia de deseo? Son muchos los conceptos que se mezclan. Lo que es evidente es que no nos referimos a un momento de alegría, entendida ésta como un sentimiento que se manifiesta con signos exteriores como la sonrisa, sino a una vivencia interior, intesa y duradera, de alegría o, en último término, a una vida de plenitud, de eudaimon, que decía Aristóteles. Técnicas como el mindfulness nos pueden ayudar. ¿Y la ausencia de deseo? En todo caso, no desear poseerlo todo, no pretender todo lo que no tenemos o que difícilmente podremos alcanzar.

¿Tener o ser?Se ha dicho desde las filosofías y las religiones que para conseguir la felicidad nos debemos orientar más al ser que al tener. El mercado al menos nos está trasladando del tener al usar: en un contexto de desmaterialización de la economía, de creación de valor a partir de activos intangibles, de evolución de los modelos de venta hacia servitización y de economía colaborativa, se tiende a valorar más poder usar que tener, lo que nos podría acercar a la felicidad en la medida que sacar peso al tener puede liberar las fuerzas del ser. Sería una hipótesis.

El voluntariado de empresa es una acción concreta que algunas empresas están favoreciendo o organizando para que personas del equipo destinen una parte de su tiempo libre y, a veces, con facilidades por parte de la empresa y disponibilidad de una bolsa de horas, con un objeto social de naturaleza no empresarial. Normalmente implica la colaboración en algún proyecto social de una entidad sin ánimo de lucro. De alguna manera, aparte del servicio a la comunidad, estas iniciativas favorecen que las personas puedan desarrollarse en contextos diferentes, relacionarse con gente y equipos diversos, hacer frente a situaciones complejas, crecer en actitudes y en habilidades y realizarse como persona. El voluntariado, dar a los demás sin esperar nada a cambio, genera felicidad.

Os recomiendo el capítulo "¿El dinero hace la felicidad? del programa Economía en colores que protagonizó Xavier Sala-Martín para TV3. La conclusión final es que muchas cosas que hacemos y que por ellas mismas nos aportan felicidad, cuando las hacemos todas a la vez, nos generan infelicidad porque la multitarea menudo genera estrés. Quizás tanto en la vida personal como en la vida laboral, deberíamos aprender a gestionar la complejidad de una manera más ordenada que no nos genere ahogo. Ya no se trata de un problema de cómo alcanzar la felicidad sino de cómo rehuir la infelicidad, o los casos de suicidios recurrentes que algunas empresas han sufrido. La hipótesis sería, pues, que concentrarnos más en una tarea y no vivir surfear en mil y una tareas nos haría más felices porque podríamos disfrutar intensamente del placer de hacer algo que profesionalmente nos llena. Y lo más curioso es que seguramente seríamos más productivos, con menos errores, más abiertos a innovar, y con una mejor comunicación con los compañeros.Y lo más curioso es que seguramente seríamos más productivos, con menos errores, más abiertos a innovar. y con una mejor comunicación con los compañeros.





Durante muchos años la clase con más demanda en Harvard fue la de Introducción a la Economía. Pero desde hace unos años es una clase sobre la felicidad del psicólogo Tal Ben-Shahar. La felicidad está de moda y el programa intenta responder a la eterna pregunta de si el dinero hace la felicidad. Hablamos con la psicóloga Patricia Ramírez, el biólogo Pere Estupinyà y el lama Wangchen. ¿Pero como miden la felicidad los economistas?

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