7.10.17

Podemos ser un ejemplo para el mundo

Volvía de correr un poco y me he encontrado con una multitud de gente en círculo pasándose un micro y haciendo breves intervenciones sobre cómo habían vivido estos días pasados. Eran personas diversas de colectivos de izquierdas. Me he quedado un rato a escuchar sus palabras pero sobre todo he captado la intensidad de las emociones. Ya era el final y no he intervenido, aunque me hubiera gustado decir algo.

Soy independentista de toda la vida. Para mí es un momento muy intenso. Creo que si la independencia no llega ahora, llegará en diez años, o en veinte... pero es inevitable. En un contexto avanzado socialmente, del siglo XXI, con la información al alcance, y con el reforzamiento del proyecto nacionalista español, la gente reaccionaría.

Pero hay otra lucha que es la social, la de los derechos de las personas. Yo creo que es inseparable, pero a veces ha podido parecer que iban por separado. Hoy por hoy la lucha por los derechos sociales es inaplazable, y sólo hay una manera de hacerla posible: haciéndonos grandes como pueblo, gestionando nuestros recursos, decidiendo colectivamente nuestro futuro como sociedad.

Cataluña es un país de confluencia. Gente venida de todo el estado español y gente venida de todo el mundo. Tenemos una historia, pero lo que nos hace fuertes es que queremos tener un futuro. No sé si se debe a alguna fuerza atávica o a la energía y sufrimiento de la gente venida de fuera, pero se percibe una voluntad compartida de luchar por un mundo mejor, de luchar por nuestros derechos. De luchar.

Me pregunto qué es lo que ha hecho posible que mucha gente, muchísima, se haya unido en una sola lucha. Una lucha que tiene muchas expresiones, y objetivos finales diversos. Muchas luchas pero que todas requieren disponer de las herramientas de un estado propio, que podamos controlar, que pueda ejercer el poder desde una mayor proximidad a la sociedad, con un mayor control social, y con una orientación más alineada con los valores que la sociedad catalana tiene.

En este sentido, tiendo a pensar que no sólo se ha dado una confluencia de intereses que ha permitido compartir una estrategia. Permitidme que sea un poco esotérico. Creo que la humanidad está evolucionando hacia un estadio de conciencia más elevado, que debe permitir poner la persona en el centro, orientarnos a la sostenibilidad del Planeta, crecer como seres inteligentes y sociales, sintetizar muchas de las particularidades culturales y filosóficas que la humanidad nos ha legado... y creo que en nuestro país, se han producido las condiciones para que este nivel de conciencia también esté creciendo de manera significativa.

La revolución de las sonrisas es eso. La manera tremendamente pacífica como se han producido las movilizaciones. La prueba de fuego que ha sido ser maltratados y golpeados por la Policía nacional y la Guardia civil. Todo ello podría haber sido una estrategia pactada, alternativa a la falta de ejército. Pero habría sido imposible mantener todos a raya, que no estallara la respuesta violenta como reacción a tanta maldad. Se ha dado un estado de conciencia colectiva muy intenso. No es un estado de conciencia nacional, no es un estado de conciencia política o partidista, es un estado de conciencia profundamente humano de sentirse parte de un proyecto al servicio de la libertad.

Creo que después de Gandhi y la forma en que se produjo la independencia de la India, y de Nelson Mandela y la forma en que se gestó la reconciliación post-apartheid, lo que está pasando en Cataluña tiene un alcance mucho mayor que el local o las afectaciones que pueda tener en la estabilidad europea. Creo que estamos llevando a cabo una lucha pacífica que aportará muchos aprendizajes a la humanidad.

Muchas revoluciones han tenido un carácter violento, de odio de unos hacia los otros. En esta revolución no hay odio, incluso aceptamos la violencia que se nos ha lanzado encima con resignación, sabiendo que nuestra victoria era no sólo la falta de respuesta violenta sino la falta de odio. Es un milagro haber llegado hasta donde estamos ahora.

El siguiente paso es concluir la independencia, fundar la república, iniciar el proceso constituyente. Y ojalá que el primer gesto que haga la república catalana sea devolver la ley de pobreza energética y abrir la puerta a miles de refugiados. Será una manera de decirle al mundo, y a Europa en particupar, y de decirnos a nosotros mismos que queremos mostrar que los estados responsables y digos del siglo XXI deben ser capaces de asegurar una democracia verdadera donde todos los votos valgan lo mismo y de poner los derechos humanos por delante de los intereses de una democracia formal secuestrada por las oligarquías.

En el proceso constituyente, expondremos ideas y modelos diferentes, pero seguro que sabremos trabar las alianzas para hacer un estado mucho más social y garantista de los derechos de las personas. 

PD:
 

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