19.9.15

[REFLEXIÓN] El dueño que alecciona políticamente sus trabajadores

El carácter extraordinario de las elecciones plebiscitarias del 27-S está motivando que algunos empresarios se muestren en sus pasiones internas y improvisen tomas de posición que pueden marcar su imagen pública y su perfil de liderazgo corporativo.

Un caso interesante es el de Jorge Gallardo, presidente de la farmacéutica Almirall, que ha difundido por la intranet corporativa un video donde expresa sus opiniones políticas advirtiendo a sus trabajadores de las "consecuencias" de la independencia. Se trata, pues, de un video que trata de influir en el voto de las personas que tienen contrato laboral en Almirall a una semana de que éstas se expresen en las urnas.

En el vídeo, que ha sido borrado poco después de emitirse, explica que ni Almirall ni los socios mayoritarios no han mezclado nunca el tema político con el empresarial, aunque se olvida de especificar que en todo caso esto hubiera sido así hasta ahora, ya que nadie puede negar el contenido político y la intencionalidad partidista de la intervención.

Gallardo dice que "el 27-S se plantea por parte de algunos partidos la posibilidad de declarar unilateralmente y sin diálogo la independencia de Cataluña, lo que conllevaría automáticamente la expulsión de la UE como han avisado repetidamente la Comisión y los líderes de los principales países".

Vamos por partes. No parece que en su reflexión merezca hacer ninguna referencia a la unilateralidad con que desde el gobierno central se está llevando a cabo una campaña radical de recentralización y de ahogo de las autonomías y, en particular, de Cataluña. La unilateralidad viene de Madrid, así como la falta de diálogo, ¿o quizás habría que ponerle ejemplos? El Gobierno de Cataluña y las fuerzas que están por el Derecho a Decidir de los catalanes siempre han apostado por encontrar formas dialogadas y consensuadas, antes y ahora y después del 27-S. La afirmación que hace Gallardo no es sólo una imprecisión sino que falsea interesadamente la realidad para justificar su posición.

Por otra parte, asegura que un nuevo estado quedaría fuera de la Unión Europea, mostrando una querida ignorancia sobre el sentido de las afirmaciones a que se refiere, meras repeticiones de las palabras de Prodi en 2004. Las declaraciones actuales, como cualquier persona informada sabe, no son tomas de posición oficiales, sino meras opiniones políticas ante un proceso electoral. La toma de posición formal de la UE no empezará a venir hasta que haya hechos motivantes o hasta que un Estado miembro lo solicite formalmente. Por lo tanto, contribuir a tomar por certezas estas declaraciones también forma parte de una legítima acción política. Pero el Sr. Gallardo debería comprobar la sinceridad de sus tomas de posición cuando unos segundos antes ha insinuado que no era su pretensión hacer política.

Es más, el Sr. Gallardo afirmó que preocuparía la situación que se crearía para los intereses comerciales de la empresa, ya que se le deberían aplicar aranceles. Y aquí vuelve a patinar en los argumentos ya que quedar fuera de la Unión Europea no tiene nada que ver con estar dentro de muchos otros marcos económicos europeos que evitarían estos perjuicios a qué hace referencia. Estar fuera de la UE quiere decir lo que quiere decir, y no lo que el Sr. Gallardo anuncia para justificar su argumentario político.

Finalmente, menciona que le "resulta moralmente obligado de comentar este asunto con los trabajadores y desea que ojalá no lleguen a estos extremos". Cada uno sabrá la moralidad que aplica, pero cierto sentido ético obligaría en primer lugar a basar las declaraciones en datos más objetivos y ciertos.

Pero lo que hay que lamentar más es el hecho de que en pleno siglo XXI podamos asistir a una escena más propia del XIX: un dueño aleccionando a sus trabajadores sobre qué deben votar, ya que si bien no lo explicita, parece evidente que la intencionalidad de esta intervención es motivarlos a votar por el NO. Una empresa en el siglo XXI debería ser otra cosa, no un feudo de su dueño.

¿La reflexión que estoy aportando imposibilitaría cualquier reflexión empresarial sobre el proceso catalán? Por supuesto que no, ya que es evidente que hay intereses empresariales en juego. No en vano, uno de los motivos del proceso hacia la soberanía es precisamente éste, hacer posible un entorno donde la actividad económica no tope con los impedimentos por parte de una mentalidad jacobina española que castiga el potencial empresarial, social y económico de Cataluña.

Si las motivaciones de Gallardo son sinceras (y no razones políticas personales, que en todo caso debería reconocer y de las que sería bueno advertir), le sugiero que pida que el proceso sea escrupuloso en las formas y que se asegure que no afecte negativamente a la actividad empresarial. Y la mejor manera de hacerlo sería pedir al gobierno español que se avenga a dialogar sobre cómo hacer la consulta a los ciudadanos de Cataluña. Hacer un proceso a la escocesa habría sido la manera de limitar cualquier riesgo, y esto depende del Gobierno, que es la parte que se ha negado a cualquier diálogo porque niega la mayor, que los catalanes puedan opinar y que Cataluña tenga derecho a decidir su futuro. Hacerlo por una vía no negociada tiene riesgos, pero la pregunta no es solamente qué costes inciertos puede tener la independencia sino qué costes ciertos tiene la dependencia!

El Sr. Gallardo ha tenido años para ejercer su capacidad de influencia, junto a muchas otras empresas y líderes empresariales, pero muy posiblemente ya tenía hace tiempo una toma de posición en estos asuntos y no ha sido un aliado en la demanda de democracia que el país ha expresado mayoritariamente. De hecho, se explica que ya en 2012 se llevó su fortuna a Madrid.

La posición del Círculo de Economía, que no comparto, tiene elementos más constructivos, como pedir al gobierno español que en caso de que el SÍ gane las elecciones se encuentren los canales para convocar un referéndum pactado. Insisto en que no lo comparto pero en todo caso aporta una solución, un camino para hacer posible la democracia. Las palabras de Gallardo no aportan ninguna solución, sólo aleccionan en el voto, y vienen a decir que Cataluña debe renunciar a toda posibilidad de decidir su futuro si el Gobierno español así lo quiere. Me parece una visión impropia de un empresario o emprendedor, de una persona de juicio y con sentido de dignidad, de un demócrata, de un conciudadano...

El presidente de Almirall advierte a sus trabajadores de las «consecuencias» de la independencia



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