6.1.19

[ARTÍCULO] El crecimiento del alquiler frente a la propiedad requiere pensar cómo reforzar la convivencia

  • Ante los datos que muestran una tendencia al aumento del alquiler por encima de la propiedad de la vivienda, proponemos una reflexión sobre las consecuencias.
  • Hay que avanzar en una cultura de la convivencia positiva en los edificios.
En cuestión de vivienda, en Catalunya y en España siempre se ha preferido la propiedad mientras que el alquiler se ha visto como tirar el dinero sin que quedara finalmente propiedad alguna. En cambio, sabemos que en el resto de Europa esto se ve diferente, entre otras cosas porque las administraciones han hecho un esfuerzo para disponer de un gran parque de vivienda pública que ha permitido un mayor control sobre los precios del alquiler. Si tener una propiedad siempre da una seguridad y permite fórmulas para afrontar la jubilación como la hipoteca inversa, podemos decir que el alquiler también presenta grandes ventajas como no tener que hipotecarse durante años y sobre todo un tema muy cultural y de estilo de vida: facilita poder cambiar con más facilidad de lugar de residencia por si por razones de trabajo o las que puedan ser conviene cambiar de aires. Dicho de otro modo, nos abre más la mente y nos predispone a poder cambiar con más facilidad.

¡Pues el alquiler está aumentando! Los datos del 2017 muestran que ya es el 22,9%, mientras que antes de la crisis, en 2008, era un 19,8%, según las cifras de Eurostat para el estado español. No es como consecuencia de los precios del alquiler ni de la inversión pública sino por el repunte de precios que ha tenido la compra de pisos en las grandes ciudades desde 2015. El problema es que el precio del alquiler ahora también está subiendo como consecuencia del incremento de la demanda, pero se cree que necesariamente se estabilizará porque las familias tienen un presupuesto máximo que no suelen sobrepasar, lo que es diferente en el caso de la compra en que el impacto del pago se puede difuminar en el tiempo mediante el crédito hipotecario.

Todavía estamos lejos de Europa, con una media del 30% de la población en régimen de alquiler. En Alemania es la mitad de la población (48,6%), en Francia y Reino Unido más de un tercio (35,6% y 35%) y en Italia más de un cuarto de la ciudadanía (27,6%). Hacen bajar la media los países de Europa del Este: 3,2% de los rumanos vive de alquiler, 9,5% de los croatas, 9,9% de los eslovacos.

Reflexionemos sobre las implicaciones

Es necesaria una mayor dosis de responsabilidad ante la sociedad: La vivienda es una necesidad de primera mano, no debe ser tratada como un lujo. Está muy bien que se pueda elegir el régimen que uno quiera, pero el alquiler debe estar disponible y en un precio razonable. Por ello, las administraciones deben hacer los deberes que no han hecho durante años, y por parte de la propiedad, en referencia a las empresas que lo tienen como una actividad económica, no pueden forzar tanto las subidas de precios hasta encontrar unos límites que son inasumibles para cada vez una parte más grande de la población dados los salarios que se cobran.  

Sobre la cultura del inquilino, si hemos de crecer en este régimen, lo que es deseable ni que sea para tener un panorama más compensado y facilitador de la libertad de elección, debemos pensar que el punto de vista respecto al edificio de una persona que vive con conciencia de temporalidad no es el mismo que el de la persona que sabe que lo es y será su casa durante muchos años sino para siempre. La consecuencia suele ser una menor implicación en los asuntos de la comunidad, lo que ya viene inducido por el hecho de que el inquilino no tiene derecho a estar presente en las reuniones de la comunidad de propietarios. 

La mejora del clima humano dentro de un edificio es un reto creciente, porque los retos de convivencia serán más y, mirado más en positivo, porque hay un segmento de población que tiene conciencia activa sobre un estilo de vida más comprometido y que quiere hacerlo viable en los entornos más cercanos como la familia, la trabajo, las amistades, o la vivienda. En un perspectiva macro, porque los edificios serán unos nuevos actores ciudadanos en los próximos lustros como consecuencia de los retos singulares que deberán abordar y de los que iremos hablando desde Edificios Positivos.

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