21.2.12

Victoria en los límites: explorando la responsabilidad social

Me interesa explorar los límites de la responsabilidad social, tomando ejemplos que pueden ser discutibles.

Soy del parecer que hablar de un enfoque ético corresponde más a una foto fija, a someter un posible dilema a la aplicación de unos valores de carácter universal. En la medida que captamos un momento de un conflicto social y lo sometemos a un análisis en términos éticos, estamos deteniendo el movimiento, estamos yendo a la esencia de las cosas, de las actitudes, de los valores.

En cambio, cuando hablamos de responsabilidad social, sin negar que siempre que sea posible debemos incluir la ética, nos referimos a un proceso permanente en sí mismo. He dicho en muchas ocasiones que no me gusta hablar de empresas socialmente responsables sino de empresas que gestionan su responsabilidad social, porque no estamos ante una categoría diferente ni menos ante una dualidad entre las buenas y las malas sino de unas empresas u organizaciones que han decidido gestionar esta interrelación con el entorno, siendo sensibles a las inquietudes que la sociedad expresa de forma explícita o implícita por medio de los diferentes grupos de interés.

La RSE no trata, pues, de una foto fija sino de resolver una tensión permanente e ineludible entre los agentes que conforman la sociedad. Para una empresa, hay que entender esta sociedad como los grupos de interés que son afectados por ella o que le afectan. Por ello hablamos de responsabilidad social, expresión que sólo se puede entender como responsabilidad ante la sociedad (no "social" en el sentido asistencial que algunos detractores del concepto intentan darle).

Vamos ahora a un ejemplo concreto, de los difíciles, en los límites, que nos puede servir para marcar qué entendemos por RSE y qué corresponde a otras cosas.

Si en una actividad cultural de carácter histórico se recrean unas escenas antiguas donde se observan errores significativos, podemos entender que hay una falta de calidad, que hay un problema ético en caso de que haya una cierta intencionalidad y, dado que se trata de una actividad profesional, podríamos hablar de deontología. En todo caso, si forma parte de una alteración histórica pero que no afecta de manera significativa y relevante a grupos de interés presentes en la actualidad no podríamos hablar de responsabilidad social, porque no habría un grupo objetivo a la sociedad ante el que ejercer esta responsabilidad, ante el que interactuar, respetar, ofender, engañar, sino que, como mucho, hablaríamos de respeto hacia la historia, hacia la verdad, etc.

En cambio, cuando una posible tergiversación o manipulación interesada, aunque sea sobre hechos remotos, sí que afecta al presente, y hay grupos de interés que denuncian los hechos, encontramos elementos que nos harían comenzar a hablar de responsabilidad social. Es decir, cuando la actuación está condicionada por intereses que se revelan como parte del presente, y afecta a las inquietudes y sensibilidades del presente, tenemos que hablar necesariamente de responsabilidad ante la sociedad, debemos introducir la noción de gestión de la responsabilidad social, deberíamos pedir la existencia de canales de diálogo, de reconocimiento de los intereses legítimos de los grupos de interés, de transparencia y rendición de cuentas ante el conjunto de públicos que pueden desconocer la raíz del conflicto.

Sería demasiado evidente y fuera de discusión si nos refiriéramos a alguna manifestación que incluyera manifestaciones nazis. Por lo tanto, ya que vamos a buscar los límites, lo haremos con un hecho actual pero que recrea hechos sucedidos hace cinco siglos, donde se da una tergiversación histórica que no se puede interpretar solamente en clave histórica sino en clave de presente en referencia al conflicto entre dos nacionalismos opuestos: el unionismo español y el soberanismo catalán. Reproducimos una carta publicada en La Vanguardia donde se expone el motivo:
Lo que no nos dicen de la nave Victoria 21 de febrero 2012 Cartas | 01/22/2012 | Jordi Berenguer | Barcelona 
Hasta el mes de marzo podemos visitar una réplica de la nave Victoria de Magallanes y JS Elcano, en el Moll de la Fusta de Barcelona. Nos dicen que podemos ver cómo era la nave y como se navegaba hace 500 años. Ahora bien, esta réplica  -construida en el año 1991 con motivo de la Expo'92- es constantemente paseada por todas las ciudades costeras sin sus escudos y banderas de la época con la excepción de una gran bandera española que luce. Todos sabemos, que la bandera nacional española más antigua es del año 1785 y no del 1519. O sea que la bandera que hay en el barco no existe hasta 266 años más tarde de la expedición de Magallanes. ¿ Si se trata de hacer una réplica fidedigna y de hacer las cosas con rigor histórico, por qué razón se han suprimido los escudos y las banderas originales? ¿Cuáles eran estos escudos y estas banderas? 
Por ahora, tenemos suficientes estudios que demuestran que en aquellos tiempos la Marina Hispánica era principalmente de matriz catalana y no castellana como nos han querido hacer creer. Sin ir más lejos, en el museo etnológico de Barcelona podemos encontrar un mapa del padre jesuita Pedro Murillo Velarde (1696-1753), publicado en Manila en 1734 con el título de "Carta Hydrographica y Chrographica de las Islas Filipinas" donde aparece una representación de la nave Victoria con una bandera cuatribarrada a popa. El mapa es considerado de gran importancia por sus dimensiones notables y por su cuidada precisión cartográfica. 
También podemos apreciar en un grabado del Ortelius del siglo XVI, que el capitán, que lleva una brújula en la mano, lleva una barretina en la cabeza. O sino, ¿porque en otras réplicas de la nave Victoria que se exponen en Argentina y Chile, sí contienen los escudos de la época y, incluso, las encontramos adornadas con banderas catalanas? ¿Por qué en la versión española han suprimido estos elementos simbólicos? ¿Quizás revelarían la nacionalidad ocultada o tergiversada de la hazaña náutica?

Hay que hacer notar que hay que hablar de responsabilidad social independientemente de que la organización sea una empresa (RSE), una administración pública (RSA), una organización no lucrativa (RSO) o una universidad (RSU).

Finalmente, y sumándome al debate sobre si la Responsabilidad Social debe ser redenominadas como Sostenibilidad, es evidente que no estaríamos hablando de lo mismo. La sostenibilidad va muy bien para referirse al resultado final, ya sea como sostenibilidad ambiental, social, laboral, o económica. Pero la sostenibilidad no recoge el sentido básico de gestión que lleva implícito el RS ni el sentido de ser responsable "frente a". Hablar de sostenibilidad, en este artículo no nos hubiera servido de nada (en todo caso, ¿deberíamos haber hablado de sostenivilidad?) ...

Artículo complementario (en catalán): La nau Victòria duia una bandera catalana quadribarrada


Nota:
Publicado en Jornal.cat

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