13.11.11

Propuesta sobre el Voluntariado de Empresa #Eurovol2011

Este artículo de Josep Maria Canyelles ha sido presentado como comunicación en el II Congreso Europeo del Voluntariado. Se lanzan algunas propuestas dirigidas a los diferentes actores que intervienen en el voluntariado de empresa, con la intención de reflexionar sobre cómo debe desarrollarse este nuevo canal y cómo debe integrarse dentro del modelo de asociacionismo y voluntariado.

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En el año 2003, el Institut Català del Voluntariat (INCAVOL) [1] organizó un encuentro con empresas para hablar de este concepto. Aunque ya había experiencias, resultaba en general tan desconocido que se decidió publicar un manual para ayudar a divulgarlo. Ahora, unos pocos años después, ya es una realidad que forma parte de nuestro entorno, aunque poco conocido, y a veces con estilos que no formarían parte del modelo ideal que tenemos.
Eran tiempo de hacer pruebas, y una empresa te podía decir que tenía unos cientos de trabajadores dispuestos a hacer una acción de voluntariado durante un día cercano a las fiestas navideñas. Eran acciones de solidaridad, más que de voluntariado, y a menudo respondían más a una vivencia de grupo por parte de los participantes que no a una acción comprometida en el marco de unos valores sociales. Todo ello, en gran medida, se fue superando, y hoy el Voluntariado de Empresa es un modelo interesante, que vale la pena observar, estudiar, dar a conocer, promover...
Y en el marco de este II Congreso Europeo del Voluntariado, podemos dejar unas propuestas de cómo debería gestionarlo desde cada una de las partes, unas breves notas sintéticas en forma de demandas, que pretenden ayudar a reflexionar.
Hay que valorar los programas de voluntariado de empresa como una oportunidad para ampliar la base social del voluntariado con personas que sin estas acciones de fomento tal vez no habrían tenido la oportunidad de formar parte de él.
Otra de las consecuencias positivas es que puede suponer un acercamiento entre empresas y ONL, que abra canales de diálogo y de colaboración más amplia, que revierta tanto en la captación de oportunidades por parte de las entidades como en la gestión de los valores de las empresas.
  • Se pide a las empresas que los nuevos programas de colaboración con entidades, ya sean de voluntariado, de teaming u otros, tengan en cuenta la realidad asociativa de cada territorio, integrada por entidades muy diversas también en dimensión y sepan encontrar las que más se ajustan a sus prioridades y que al mismo tiempo presten un mejor servicio a la comunidad. También deben tener en cuenta la cultura de cada territorio, ya que a menudo las grandes empresas incurren en el error de no ser suficientemente sensibles a la diversidad.
  • Se pide específicamente a las pymes que sepan ver en el voluntariado de empresa la sistematización de una sensibilidad que muchas ya han tenido siempre, y que ahora pueden estructurar mejor en el marco de una responsabilidad social de las pequeñas y medianas empresas, generando relaciones de confianza y favoreciendo el desarrollo del territorio.
  • Se pide a las entidades que sepan incorporar a los voluntarios que proceden de empresas con la máxima normalidad, garantizando que incorporen los valores propios del voluntariado y de la acción social o cívica, y dando cumplimiento a los derechos y deberes que tienen reconocidos.
  • Se pide a las administraciones públicas que experimenten con estos nuevos modelos de colaboración con las ONL que, al margen de las políticas públicas de apoyo, pueden contribuir de otras maneras a partir de la implicación de los propios trabajadores públicos.
  • Se pide a los expertos y a todos los agentes que promuevan la expresión Voluntariado de Empresa en lugar de corporate Volunteering , traducción literal del inglés, que remite únicamente a las grandes empresas y parece que esta no sea una práctica apta para las pymes. Necesitamos hacer la misma reflexión que unos años atrás llevó al consenso para sustituir Responsabilidad Social Corporativa (RSC) por Responsabilidad Social de las Empresas (RSE), al menos en los usos públicos destinados al fomento, al margen de que cada empresa use lo que más le plazca.
  • Se pide a los consultores de empresas que eviten caer en la solución fácil de proponer únicamente grandes ONL que cubran todo el territorio con una sola negociación, y opten por seleccionar a las entidades, grandes o pequeñas, que puedan satisfacer mejor las características del programa y aunar mejor los intereses de todas las partes. A menudo, habrá también un esfuerzo para saber mostrar a la empresa el mayor valor que puede aportar contar con entidades más estrechamente vinculadas al territorio.
  • Se pide a los voluntarios de empresa que sepan sentirse voluntarios plenos de la entidad social donde participan más allá del programa o servicio concreto que desarrollen, compartiendo la experiencia con los otros voluntarios, cumpliendo con la Carta del Voluntariado de Cataluña (o la que corresponda a cada país), y aportando su vivencia dentro de la empresa, ya sea para motivar otra gente, para enriquecer los valores sociales de la empresa, para ser fuente de testimonio.
  • Se pide a todos los actores implicados el desarrollo de un modelo de voluntariado de empresa o corporativo que esté concebido para aportar valor a la comunidad y que legítimamente fortalezca tanto las ONL como las empresas. Por ello, frente a modelos puntuales más cercanos al outdoor training , hay que valorar la continuidad y sostenibilidad de los programas, su incidencia social, su capacidad de gestionar valores, actitudes y habilidades sociales de los participantes, el refuerzo del tejido asociativo autóctono.
Las empresas, así como todos los demás actores, deben hacer un esfuerzo para entender los fundamentos del voluntariado, sus valores, su estructuración, y las características que toma en cada territorio. También las entidades deben hacer un esfuerzo para comprender las motivaciones empresariales, las características de los perfiles del nuevo voluntariado, las necesidades de gestión que pueda requerir.
Debemos asumir que estamos gestionando relaciones complejas y donde se pueden cruzar objetivos, necesidades, inquietudes diversas. Para una empresa pueden darse simultáneamente una voluntad de hacer un servicio a la sociedad con la voluntad de trasladar valores sociales en la empresa. Para un voluntario pueden darse simultáneamente un valor solidario, una inquietud vocacional, o incluso una sana curiosidad de emprender un compromiso desconocido hasta el momento.
O también puede existir una necesidad de ampliar el marco de socialización, de integración en el país, o de practicar la lengua catalana por parte de trabajadores de la empresa que vengan de otros países. Como diríamos para voluntarios tradicionales, a menudo lo importante es verbalizar todos los objetivos o sensibilidades que pueda haber o puedan sobrevenir, ya que así la organización social podrá valorar como tenerlos en cuenta y satisfacerlos si está en sus posibilidades.
Modelo de voluntariado
Las prácticas de voluntariado de empresa se enmarcan dentro de las políticas de Responsabilidad Social de la Empresa (RSE). Dentro de todo el conjunto de aspectos que caben dentro de la RSE, y de manera generalizada, las empresas se encuentran más cómodos en el terreno de contenidos ambientales, de producto, o laborales, que dominan más, que en los temas sociales en relación a la comunidad, ya que la empresa suele nadar en aguas desconocidas.
Por ello, es necesario que los partners, las entidades, los consultores, etc., puedan transmitirle el conocimiento sobre las diferencias que en cada país se dan sobre el voluntariado y cómo afecta la relación con las empresas. En el caso de Cataluña, donde hay una rica y tradicional realidad en esta materia, nos referimos al Modelo catalán de asociacionismo y voluntariado. [2]
Quisiera hacer llegar a las empresas y a la vez a los participantes de otros países europeos -respetando los diversos enfoques que se puedan dar en cada territorio- una manifestación particular sobre el modelo de voluntariado que hemos asumido como propio:
  • Entendemos [3] por voluntariado el conjunto de las personas que efectúan una prestación voluntaria y libre de servicios cívicos o sociales, sin contraprestación económica, dentro del marco de una organización estable y democrática que comporte un compromiso de actuación a favor de la sociedad y de la persona. Sin desmerecer las acciones informales de civismo o buena vecindad, por otra parte muy valiosas, el voluntariado en su sentido moderno sólo puede englobar las acciones realizadas bajo un marco organizado.
  • Entendemos por entidad de voluntariado la entidad que tiene por objetivo trabajar para los demás en la mejora de la calidad de vida, que está integrada mayoritariamente por voluntarios y que constituye una organización autónoma sin ánimo de lucro. Esta definición no excluye la existencia igualmente valiosa de otras entidades no lucrativas que tengan voluntarios (entidades con voluntariado, no de voluntariado). Todas ellas son el marco donde el voluntariado se desarrollará en las sociedades modernas para garantizar su autonomía y su capacidad de vertebración social. Consideramos como un valor muy relevante el hecho de que el voluntariado se aglutine a las entidades sin ánimo de lucro, siendo voluntariado y asociacionismo dos caras de la misma realidad. La esencia de la acción voluntaria se fundamenta en la autonomía de acción de las organizaciones de voluntariado. Estos principios de libertad y autonomía del voluntariado respecto a los poderes públicos deben ser respetados y potenciados.
  • Sin pretender ser críticos con los modelos de voluntariado público, que pueden comprenderse en situaciones evolutivas o por las características de determinados países, consideramos que el voluntariado es un gran activo de la sociedad civil y que, el fomento del voluntariado fuera de las organizaciones privadas no lucrativas puede descapitalizar el tejido asociativo y puede suponer un modelo de voluntariado donde el foco por el servicio y las características del marco institucional no favorezcan el desarrollo de un discurso social comprometido y crítico. El voluntariado no sólo debe curar la herida sino que debe otorgar visibilidad a los que sufren. Así, en nuestro país hemos ido transformando aquellas realidades de voluntarios vinculados directamente a instituciones públicas en nuevos modelos donde la relación se produzca entre la institución pública y una organización autónoma de voluntariado, lo que puede garantizar mejor su participación democrática, los límites de la su acción sin interferir en las tareas remuneradas, la interrelación entre los voluntarios, o el trabajo en valores.
  • El voluntariado es un vector de vertebración social y no se puede desvincular de su compromiso con el país, lo que recogió la ley 25/1991 (actualmente derogada):
*     La acción voluntaria, libre y comprometida, de muchos ciudadanos para la mejora constante de las condiciones de vida y para la defensa y el acrecentamiento de la sociedad y la cultura catalanas, ha constituido un elemento esencial en la configuración de Cataluña como país con una identidad propia.
*     Esta actuación voluntaria, realizada desde la sociedad civil durante un largo período de nuestra historia marcado por la supervivencia y la consolidación de Cataluña como país, ha generado la creación y el desarrollo de muchas entidades que han dado, en cada momento, una respuesta cívica y solidaria a las necesidades e inquietudes de la sociedad catalana. La importancia de la respuesta cívica y voluntaria a lo largo de nuestra historia no desmerece la realidad presente del voluntariado, sino que, por el contrario, la situación y le da una especial relevancia.
  • Valoramos la existencia de un abanico diverso de entidades, por tamaño (grandes, medianas, pequeñas y micro), por alcance territorial, por ámbitos y sectores, por ideología (más marcadas o menos, confesionales o no), por estilo de gestión, por complementariedad voluntarios-asalariados, por grado de colaboración con el sector público, más o menos orientadas al cambio social, especializadas o generalistas... Esta diversidad permite que cada ciudadano pueda elegir dónde se quiere implicar. A pesar de los riesgos que supone una cierta atomización, esta diversidad aporta capacidad de dar respuestas ágiles a necesidades concretas, es más plural y representativo de la sociedad; se genera complementariedad y se facilita la innovación. Y una nueva cultura organizativa basada en el trabajo en red y la colaboración entre entidades puede optimizar esta realidad. Sin embargo, esto no quita que también tengan que incentivar los procesos de fusión para conseguir entidades de mayor peso que busquen su óptimo para su sostenibilidad y generación de impacto social.
  • De acuerdo con los consensos que se elaboraron en Cataluña en congresos anteriores, consideramos que los derechos y deberes (Carta del Voluntariado de Cataluña, en nuestro caso) no deben dar lugar a una ley sino que deben conformar un código ético de consenso que cada entidad deberá saber aplicar adaptándolo a su realidad sectorial. Son, en todo caso, las leyes y normas sectoriales las que pueden concretar las obligaciones válidas en un determinado sector. De otra manera, se generan obligaciones más propias del voluntariado social hacia otros sectores o modelos de intervención, además de las consideraciones que toma la carta.
Como última conclusión, quisiera hacer referencia a que terminológicamente el voluntariado de empresa significa que el voluntariado proviene de la empresa, que es quien la promovido. Pero el voluntariado, por concepto y por modelo, no se hace en la empresa. Esto quiere decir que jurídicamente, los voluntarios forman parte de la entidad social, donde están adscritos, al margen de que su implicación forme parte de un acuerdo con una empresa.
Esto no quita que la empresa pueda tener un programa -no siempre es así- y que remarque la idea de voluntarios de la empresa. Ningún problema porque son voluntarios y son de la empresa, pero jurídicamente el voluntariado lo hacen a la entidad social donde colaboran.
En sentido estricto, pues, si se tratara de una acción que se desarrollara como programa de empresa y sin una adscripción a ninguna entidad social, no se podría hablar de voluntariado. Si hacen una replantación en fin de semana, se trataría de una actividad cívica promovida por la empresa, pero no podríamos decir voluntariado, del mismo modo que si lo hace un grupo de amigos tampoco lo sería. Una acción organizada y con fines cívicos no es voluntariado si no hay una entidad detrás, como tampoco lo son las acciones de buena vecindad.
Y eso no puede considerarse ni bueno ni malo. Es normal que haya acciones de civismo y de buena vecindad, y es bueno que haya muchas, y no hace falta que sean ni pretendan ser voluntariado.
En todo caso, una cosa es lo que corresponde aclarar en sentido estricto y jurídico, y la otra el hecho de que la empresa pueda hablar de voluntarios en un sentido más laxo de la lengua, ya que se trataría de una acción que los trabajadores hacen voluntariamente. Pero una cosa son los usos coloquiales de la lengua y el otro el sentido estricto. Vale la pena ser conscientes de ello. Si colaboran con una entidad hacen voluntariado. Si no se da esta colaboración, hacen una acción voluntaria de servicio a la comunidad.

Nota: podéis encontrar unas reflexiones complementarias en este vídeo de un debate sobre Voluntariado de Empresa en Torre Jussana: Nuevas expectativas y posibilidades de voluntariado empresarial (catalán)

10 de noviembre de 2011

Este artículo se encuentra disponible en:


El modelo catalán de voluntariado y asociacionismo. Josep Maria Canyelles.Conferencia pronunciada en Friburgo (Baden-Wurtemberg, Alemania). 2001 (Año Internacional del Voluntariado)
[3] Ley 25/1991, de 13 de diciembre, por la que se crea el Instituto Catalán del Voluntariado (derogada)

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