20.4.08

En contra de la propina

Hace unos meses, en una serie de escritos sobre Chile, formulamos una crítica a la 'cultura de la propina' (ver "Sorpresa por la práctica de donativos y propinas"). Entre otras reflexiones, decíamos que "la propina no es más que una economía sumergida. Una parte de dinero que no pasa por la vía impositiva. Pero no nos preocupa tanto este hecho como la asunción que hace el empresariado de las propinas como mecanismo compensatorio del salario. Eso permite, especialmente en ciertas ocupaciones de cara al público, pagar unos salarios inferiores a lo que sería justo y equitativo".

Leemos hoy un reportaje en la Vanguardia, titulado "La propina sufre por la falta de profesionalidad", en el que se explica que esta práctica va perdiendo peso:

En contra de la propina. Entre las muchas razones que explican la tendencia está el avance de un nuevo tipo de clientela contraria a pagar propinas. No es por tacañería, explica Pablo Batlle, coautor del libro Protocolo y buenas maneras,de editorial Planeta. Se trata más bien de una filosofía en la que se da por supuesto que el trabajador del sector servicios debe ganar un sueldo digno y suficiente, sin necesidad de que los clientes les aporten extras. "Suelen ser personas con formación universitaria, de entre 30 y 40 años", explica Batlle. La teoría del movimiento antipropina se basa en que la perpetuación de este pago "de más" hará que los empresarios nunca suban el sueldo a sus empleados. Aparte del aspecto económico, también arguyen el respeto por la persona. Para ellos, dar propina equivale a dar una limosna y menospreciar la labor del profesional. Norbert Bilbeny, profesor de Ética de la Universitat de Barcelona, afirma que el hecho de ofrecer propina "humilla a la persona que la recibe". Según él, se trata de un "reconocimiento de inferioridad del otro y por lo tanto un comportamiento éticamente incorrecto".


Desde Responsabilitat Global, queremos destacar sobretodo que el empresariado tiene una responsabilidad en el mantenimiento o la remoción de esta práctica, la cual cada vez se hace más evidente que incomoda a mucha gente, que da lugar a una relación social de superioridad y humillación. Mucha gente todavía se siente mal si no deja propina o si no sabe cuanta dejar. Y algún empresario o empresaria del sector barístico no tiene contemplaciones a la hora de justificar un sueldo bajo indicando que si se presta un buen servicio ya tendrán el complemento de las propinas (vaya, toda una Dirección por Objetivos con incentivos según 'performance' y aplicación inmediata!). Acabar con estas prácticas depende de todos y todas, pero quien tienen la responsabilidad social y la capacidad de romper rutinas son los establimientos, indicándolo claramente con un rótulo: no aceptamos propinas.

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